21 de julio de 2015

La Justicia, siempre lleva la razón.

Hoy ha sido para mi un gran día, he vuelto a creer en la Justicia. Un amigo (gran palabra esa), político y ex_alcalde ha luchado con la verdad y ha ganado, ha dejado en el camino conocidos y vecinos que no confiaron en él, y han sufrido con el su familia, sus amigos y sus compañeros de verdad, los que le siempre le creimos inocente.
Han sido unos meses difíciles pero ha llegado la hora de dejar atrás los malos momentos y volver a lo que le enseñaron en su casa y le ilusiona desde niño, hacer a través de la Política con mayúsculas lo
mejor posible por los ciudadanos, aquellos que en tres ocasiones confiaron en él para que fuera su Alcalde y los que le conocerán, sin duda, en otras labores políticas en el futuro.
Esto me ha traído a la Memoria la carta que le escribió Nicolás Jiménez Molina, el que fue Alcalde de Íllora en la II República, al Gobernador Civil de la Provincia desde la cárcel, en su nombre y el de los compañeros que le acompañaban en aquel suplicio, como el Alcalde de Alomartes Gregorio Morales y su hijo Paco que tristemente murieron fusilados en las tapias del Cementerio de Granada dos años después.
Se quejaba de su permanencia en prisión sin motivo aparente y sin juicio... Por eso hoy me siento satisfecho de vivir en democracia y en un estado de derecho donde la Justicia, lenta sí pero con garantías, pone a cada uno en el lugar que le corresponde. 

La huelga de los campesinos de Junio, quedó oficialmente terminada el día 18 de junio de 1934 con
una reunión entre el gobernador civil, Muñoz Castellanos, y los líderes provinciales de la UGT y el
Partido Socialista, Juan Carreño Vargas y Ramón Lamoneda Fernández, respectivamente, en la que se acordaron una serie de medidas encaminadas a cortar todos los males que afectaban a la falta del
cumplimiento de la legislación social vigente y que, en buena medida, correspondían a parte de las
reivindicaciones defendidas en la huelga general.
Una parte inexcusable de la negociación fue la firme promesa por parte del Gobierno Civil de liberar al gran número de campesinos encerrados en la Prisión Provincial de Granada por orden gubernativa durante las jornadas del conflicto Campesino.
Si bien las disposiciones del Gobierno Civil eran bastante claras en cuanto a la obligatoriedad del
cumplimiento de la legislación social para la recogida de las mieses, se produjeron no pocos abusos en esta materia. De los pueblos se publicaban en la prensa granadina las quejas de muchos campesinos y de Sociedades Obreras (las pocas que seguían funcionando aún, con sus casas clausuradas) en las que se repetían similares abusos a la etapa que se dio en llamar de "jornales de hambre".
En cuanto a los huelguistas y sus dirigentes, se tardó en levantar la Clausura de los centros obreros y en cuanto a amnistiar a todos los detenidos gubernativos, si bien es verdad que hay que poner, como excepción algunos casos, bastante aislados, de excarcelación en Loja, Baza y Guadix de campesinos detenidos durante la pasada huelga; el Gobierno Civil tuvo mucho cuidado en otorgar una amnistía escalonada que liberaba campesinos, pero que dejaba en las cárceles a sus líderes.
Levantado el estado de Alarma el 25 de junio, siguió estando vigente el de Prevención, la situación
generalizada de los presos (al menos la de los líderes políticos y sindicales) era la de no tener ni la más remota esperanza de ser liberados.
Nicolás Jiménez Molina, aun en prisión, escribía la siguiente carta, en nombre de los presos que
permanecían custodiados en la prisión provincial, que reprodujo el diario El Defensor de Granada en su edición del 28 de junio de 1934:

Sobrepasa los límites de lo tolerable lo que sucede en esta provincia con las
represalias que se han tomado con aquellos individuos que, a juicio de ella, fueron
el factor principal de la pasada huelga de campesinos.
Han transcurrido diez días desde la terminación de esta huelga y aun queda en
la cárcel provincial cerca de una veintena de detenidos gubernativos, cuyo único
delito es ser alcaldes, concejales, maestros, médicos o empleados de filiación
socialista.
De nada han servido las gestiones de nuestros dirigentes; las promesas del señor
gobernador; ni los ofrecimientos concretos del señor presidente del Consejo de
Ministros. Seguimos en la cárcel los hombres libres que, estimando vivíamos en un
Estado moderno y en una República de trabajadores, dedicamos nuestra actividad
sindical al servicio de los explotados campesinos.
Sabemos que el señor gobernador civil, en sus ofrecimientos a nuestro camarada
Ramón Lamoneda, manifestó que en la semana pasada serían liberados todos
los detenidos y que sólo quedarían en la Cárcel los maleantes, y esto nos hace
preguntar: ¿Seremos acaso nosotros los maleantes a que el señor gobernador
hizo referencia'? Tal parece ser el Concepto que estos luchadores sociales
merecemos, cuando ayer se interrumpió la lentísima excarcelación de los
detenidos gubernativos, dejando abandonados a las angustias de una prisión
indebida a padres de familia y ciudadanos honradísimos, que no cometieron otra
falta que la de negarse a ser juguetes viles en las manos de una sociedad cerril e
inhumana.
No se nos oculta que nuestra retención carcelaria es hija de los elementos
caciquiles que, al amparo de una euforia radical derechista, pretenden hundir las
organizaciones sindicales; pero entendemos que esta injusticia exige inmediata
reparación y por ello esperamos confiados en que quién a ello está obligado dé
inmediatamente la orden de nuestra libertad.
Por los presos gubernativos, Nicolás Jiménez.
Prisión Provincial de Granada a 27 de Junio de 1934.