19 de enero de 2016

Federico Garcia Lorca y La Barraca






LUZ – DIARIO DE LA REPUBLICA


Madrid – 3 de Septiembre de 1933 – página 6







Vacaciones de La Barraca


Federico García Lorca cuenta a LUZ los triunfos de nuestro teatro universitario.-Próximas excursiones a París y a Roma.-La obra del poeta







De norte a sur, con un descanso en  la Colina de los Chopos, Federico García Lorca, moreno de luna verde, va a Granada a descansar de sus tareas de director de La Barraca y a escribir.


Ya tiene terminada "Yerma", y ahora acabará "La hermosa", otra gran tragedia de amor.





Como siempre, Federico García Lorca, alegre, de sano contento íntimo y voluntad tensa, charla animadamente, cuenta sus proyectos, comenta  los de sus amigos, anima con gesto y gracias de diálogo anécdotas propias y ajenas.


Federico García Lorca viste un traje de marrón oscuro sobre una camisa de punto azul fuerte: ese azul de mar hondo ennegrecido por viento de temporales. En la solapa lleva un triángulo de esmalte con dos letras grabadas: U. I.


Es la insignia de la Universidad Internacional de Verano. De allí  viene.  Allí ha estado con La Barraca.


—Todo el mundo —nos dice— ha quedado entusiasmado. Hemos hecho una labor magnífica. Unamuno vio "El burlador de Sevilla", y tanto le gustó, que, encontrándonos luego en Zamora, quiso oír y ver de nuevo la obra de Tirso.


¡Qué grande es Unamuno! ¡Cuánto sabe y cuánto orea! El primer español.


Se abre una puerta en cualquiera parte, sale Unamuno por ella, con su cuerpo y su cabeza, y se ve enseguida eso: es el español, el primer español. Todo lo crea y sabe por estar tan arraigado en nuestro suelo y tener tanta luz en la mente. "Una cosa es la cultura—me decía—y otra la luz. Eso es lo que hay que tener: luz."





Pues Dámaso Alonso también se quedó prendado  viendo una  égloga de Juan de la Encina. Quiere fundar un teatro como el de La Barraca en la Universidad de Barcelona, y quiere que yo vaya por allí unos días, este otoño, para ayudarle.


—¿...?


—Claro que iré. Dámaso Alonso lo merece. Y, además, debe hacerse.


—¿...?


—También. Los extranjeros,  ¡cómo alabaron La Barraca! Jea n Prévost dice que no ha visto por Europa ningún teatro universitario mejor. Ha causado tanto entusiasmo, que este invierno iremos a París. Allí inauguraremos el Colegio Español y daremos varias representaciones. También Ezio Levi, profesor de la Universidad de Nápoles, quiere que vayamos a Italia. Ya veremos...


—¿...?


—Claro que le gusta al público. Al público que también me gusta a mí.


Obreros, gente sencilla de los pueblos, hasta los más chicos, y estudiantes y gentes que trabajan y estudian. A los señoritos y  las elegantes sin nada dentro, a ésos no les gusta mucho, ni nos importa a nosotros. Van a vernos y salen luego comentando: "Pues no trabajan mal." Ni se enteran.


Ni saben lo que es el gran teatro español. Y luego se dicen católicos y monárquicos y se quedan tan tranquilos. Donde más me gusta trabajar es en los pueblos. De pronto ves a un aldeano que se queda admirado ante un romance de Lope,  y no puede contenerse  y exclama: "¡Qué bien se expresa!"


—¿-.?


—Todos trabajan con entusiasmo. Y todos aprendemos. Este año hemos escenificado varios romances y hemos incorporado a nuestro programa una fiesta más. ¡Es tan vivo y tan dramático nuestro romancero!


~¿... ?


—Sí. Ugarte es un gran colaborador. Dirige admirablemente. Y es trabajador, e. inteligente, y bueno.


—¿...?


—No; no me distrae de mi trabajo. Yo sigo escribiendo y ocupándome de mi obra. ¡Si todo es lo mismo! Todo viene a ser alegría de crear, de hacer cosas. Además, esta labor mía en La Barraca es una gran enseñanza. Yo he aprendido mucho. Ahora me siento verdadero director...


—¿...?


—Sí, es cierto.  Jean Prévot y su mujer han traducido "Bodas de sangre".


Seguramente este invierno, la traducción, que es excelente, será montada por Gastón Baty. Y en los Estados Unidos también será representada una versión inglesa de la misma obra.














Adiós, Federico García Lorca. Que ese descanso de Granada sea fecundo, tan fecundo como esa labor admirable de La Barraca, verdadero ejemplo de arte y cultura, excepcional en esta vida teatral española, tan muerta, tan monótona, tan chabacana.