24 de octubre de 2016

ANTONIO MACHADO escribe a las tropas de la 3ª División



Suplemento de 3ª División

NOVIEMBRE 1938 MADRID (1936-1938)

El insigne escritor Don Antonio Machado ha tenido la gentileza de escribir

estas cuartillas para 3.a DIVISIÓN



En los primeros días de la rebelión militar, Madrid tuvo la intuición

inmediata del enemigo, la revelación de toda la fuerza con que había de

medirse. Cómo y por qué el pueblo, precisamente el pueblo madrileño,

era el menos sorprendido por la traición fascista, y el más dispuesto a

combatirla, es algo que los historiadores del porvenir nos explicarán,

acaso, algún día. El hecho es que la decisión de pelear hasta morir fué

algo perfectamente maduro en el alma del pueblo.

Y esta decisión era tanto más heroica y magnífica, cuanto que el pueblo

carecía de todo recurso material para la guerra; no tenía armas ni

instrumentos, ni hábitos militares, frente a un enemigo que parecía

poseerlo todo. En opinión de muchos, asistimos por aquellos días, ya

para siempre gloriosos, a uno de estos milagros de la voluntad popular,

que sólo se obran en España. Y hemos de reconocer que el milagro se

hizo en Madrid sin aparato mágico, sin apariencias sobrenaturales,

como una empresa perfectamente humana.

Quien oyó los primeros cañonazos disparados sobre Madrid por las

baterías facciosas emplazadas en la Casa de Campo, conservará para

siempre en la memoria una de las emociones más antipáticas, más

angustiosas y perfectamente demoníacas que pueda el hombre

experimentar en su vida. Allí estaba la guerra, embistiendo testaruda y

bestial, una guerra sin sombra de espiritualidad, hecha de maldad y

rencor, con sus ciegas máquinas destructoras vomitando la muerte de

un modo frío y sistemático sobre una ciudad casi inerme, despojada

vilmente de todos sus elementos de combate, sobre una ciudad que

debía ser sagrada para todos los españoles, porque en ella teníamos

todos - ellos también - alguna raíz sentimental y amorosa. Los asesinos

de Madrid, asesinos de España, estaban allí crueles, implacables... Pero

no entraban. ¡Ah! No podían entrar.

Hubo de aplazarse indefinidamente el sacrilego Te Deum en la Puerta

del Sol que proyectaban aquellos enemigos de Dios, para festejar la

consumación de su crimen. No entraron, no podían entrar, porque

Madrid no lo consentía. Un general insigne y unos cuantos capitanes

egregios - ¿habrá algún día bronce bastante para ellos? - cuajaron con

los pechos del pueblo un frente de combate, una barrera infranqueable

para el odio faccioso. Han pasado dos años, y para asombro del mundo -

¿merece el mundo tan sublime espectáculo? - esa barrera sangra, pero

no cede ¿Triunfará? La victoria la ha ganado cien veces; quiero decir,

que cien veces la ha merecido.



- ANTONIO MACHADO, Noviembre de 1938