25 de octubre de 2011

El Convento de San Pedro de Alcantara - parte 1



EL CONVENTO DE ÍLLORA, SEGÚN UNA CRONICA LATINA DEL SIGLO XVIII
El autor de la crónica latina nos da algunas referencias sobre la villa de Illora. Nos dice que distante cinco millas hacia el norte de la ciudad de Granada, se encuentra cierta villa fundada en tiempos de Túbal, llamada por los antiguos Illiberis (es el nombre preferido por los historiadores) o también hay otros que prefieren llamarla Parapanda, posiblemente porque se halla situada a los pies de la roca Parapanda.
Como vemos el cronista no se aleja de la historia de España del Padre Mariana, que atribuye La fundación de casi todas las ciudades de Iberia al descendiente de Noé Túbal o a quienes con él vinieron. Nos refiere que es una villa opulenta por varios honores pero que, sobre todo, el más importante es que es el lugar en el que nació el mártir Rogelio que sufrió tormento en Córdoba el dieciséis de octubre del año 852, bajo la dominación musulmana.

PRIMEROS INTENTOS DE FUNDACIÓN
Los deseos por parte de los habitantes de que los descalzos fundasen un convento en dicho pueblo se remontan a años antes que la provincia franciscana de S. Juan Bautista fuese dividida en dos. Concretamente, con constante insistencia, rogaron a los franciscanos, sobre todo en el año 1643, que, para consuelo de dichos lugareños erigiesen allí un convento. Cosa que también intentaron los de la provincia de S. Juan Bautista, antes de que ésta se dividiese.

También los habitantes de la cercana villa de Montefrío, ya que sólo distaba de Illora dos leguas, les habían solicitado a éstos que fundasen del mismo modo, en su pueblo un convento, cosa que no se podía llevar a cabo, dada la cercanía entre las dos localidades. Los padres responsables, estudiados los pros y contras de ambas fundaciones, decidieron finalmente que era más conveniente para la Orden, intentar erigir un convento en la localidad de Montefrío. Obtenidas las licencias correspondientes en Madrid, el año 1657, para fundar no sólo en Montefrío, sino también en Caniles, encontraron la oposición tenaz del Arzobispo de Granada, por lo que, en palabras del autor, la licencia se adormeció y las autorizaciones fueron guardadas en el archivo de la provincia, hasta que le pluguiese a Dios concederles la oportunidad de llevar a cabo la tan deseada fundación.
Una vez consumada la división de la provincia de S. Juan Bautista en el año 1661, se nombraron varios procuradores para que, ante el arzobispo de Granada volviesen a intentar la fundación. Éste se mantuvo constante en su negativa, por lo que, con toda celeridad, se enviaron otros procuradores ante la Santa Sede, con intención de obtener la fundación en Montefrío. 

PRESIONES DE PERSONAS RELEVANTES
Al mismo tiempo, el clero y las personas de más influencia de la localidad de Illora, rogaron con toda la intensidad que les fue posible, al provincial Fray Francisco Morales, que llevase a cabo la fundación del convento en el referido lugar. Con objeto de reforzar su petición enviaron ante el provincial, el 12-4-1663, en representación del clero del pueblo, a los párrocos beneficiados, D. Juan Cabello Serrano y Pedro Jiménez Piedrahita, a los jueces pedáneos Diego Jiménez del Pozo y Francisco Calderón Serrano, y como representantes de toda la villa a los concejales del ayuntamiento, José Palomino y Alfonso Mazuecos. El mismo día los concejales del ayuntamiento, reunidos en sesión plenaria, acordaron enviar, para obtener el permiso correspondiente, ante el Sumo Pontífice, Alejandro VII, a D. Diego de Salamanca y Robles y a Rodrigo de Pozas Calmaestra quienes también presentarían su petición al rey católico Felipe IV, al arzobispo de Granada, D. José Argayz y ante el Supremo Consejo de Castilla. Además el mencionado provincial, en nombre de toda la provincia, remitió, ante la curia romana, por medio de los frailes Tomás Muñoz, predicador, y Blas de Pina, lego, un suplicante memorial, a fin de retener el convento murciano. El Sumo Pontífice, Alejandro VII, prestó poca atención a las fundaciones de Villacarrillo e Illora, no obstante, sí concedió un Breve apostólico, el 16 de octubre de1663, pero el arzobispo granadino, a pesar de haber conocido por medio del provincial, los escritos apostólicos, tenazmente negó su autorización para el convento de Illora.

OPORTUNIDADES INESPERADAS Y BENEFICIOSAS, ASÍ COMO OBTENCIÓN DE LICENCIA PARA UNA FUNDACIÓN
En el año 1667, falleció el arzobispo de Granada, por lo que el provincial, rápidamente, presentó ante la Sede Vacante, el Breve pontificio y las autorizaciones de las autoridades de Illora. Para impetrar la voluntad divina, envió ante los prefectos de todos los monasterios, junto con sus escritos, todas las encíclicas, referentes a ello, y además les pidió que expusiesen solemnemente la sagrada Eucaristía el día consagrado a la Purísima Concepción, no sólo para obtener la fundación del convento de Illora, sino también para conseguir la de Villa Carrillo y Alhama de Granada. Sin embargo, en palabras del autor, esta fundación permaneció como adormecida.En esta situación se llega al año 1669 en el que el Papa Clemente IX, inscribió en el catálogo de los Santos a S. Pedro de Alcántara. El nuevo arzobispo de Granada era un gran devoto de dicho santo, por lo que el provincial, Fernández aprovechó la ocasión para rogarle concediese permiso para la construcción de un monasterio en la provincia recientemente erigida, cosa a la que accedió, pero poniendo como condición que el titular del nuevo convento fuese el mencionado S. Pedro de Alcántara y la licencia les fue otorgada, por escrito, el día doce de junio de 1669. Los padres provinciales, una vez obtenido el permiso, volvieron a la antigua discusión del lugar que sería más idóneo para levantar el nuevo convento, si Illora o Montefrío. Cambiando el antiguo acuerdo se tomó partido por Illora, dado que proporcionaría a la Orden mayor número de limosnas que Montefrío y además porque había más agua para el convento y ofrecía un valle más amplio y ameno, además era un camino más cómodo para los hermanos que tuviesen que dirigirse a los conventos de Granada, Loja y Priego de Córdoba. Para el cambio de los permisos por los ya obtenidos, el provincial envió procuradores al Consejo real de Castilla. La entonces reina gobernadora de los reinos de España, Dª Mariana de Austria, accedió a dicha permuta en la que influyeron grandemente la marquesa de los Vélez y el conde de Casarrubias, D. Isidoro Camargo. También fue grande la influencia que prestó el arzobispo granadino, dirigiendo a la reina gobernadora un amplio memorial favorable a dicha fundación. Dicha reina, el dieciséis de julio del mismo año otorgó a los descalzos la tan deseada cédula, accediendo en ella a todo lo que éstos le solicitaban. El autor hace hincapié en la brevedad con la que se consiguieron las licencias correspondientes, es decir la del Consejo real, la del arzobispo de Granada, la de los Reinos en comicios y la de la reina gobernadora, ya que sólo tardaron dos meses en obtenerla.